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Adicción al juego y mujer

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ADICCIÓN AL JUEGO EN LA MUJER Y COMORBILIDAD. IMPLICACIONES PARA EL TRATAMIENTO

Enrique Echeburúa Facultad de Psicología. Universidad del País Vasco UPV/EHU. Cibersam

Publicado en la Revista de Patología Dual 2014; 1(1):2

Mujer, cartas, dados, ruletaDatos de interés: La dependencia al juego se da tanto en hombres como en mujeres. Si bien es más frecuente (en una proporción de 7/3) en los hombres que en las mujeres, estas son mucho más reacias a reconocer el problema y a buscar ayuda terapéutica. De hecho, no más del 10% o 15% de adictos al juego en tratamiento son mujeres. Se sabe que la mujer jugadora presenta un perfil diferencial en cuanto a los tipos de juegos implicados, su historia de juego y las manifestaciones psicosociales de su dependencia. Sin embargo, la limitación de los hallazgos obtenidos hasta la fecha deriva, en buena medida, de los escasos trabajos publicados en que se ha  estudiado específicamente este tema. Los principales retos de futuro en este ámbito son diseñar estrategias motivacionales para atraer a las mujeres al tratamiento, contar con instrumentos de detección temprana (de aplicación, por ejemplo, en el ámbito de los Centros de Atención Primaria, dada  la presencia de muchos síntomas psicosomáticos en las mujeres jugadoras) y desarrollar programas de tratamiento encaminados  específicamente a los déficit de conducta experimentados por las pacientes adictas al juego. Por último, una línea sugerente de  investigación es poner a punto programas de intervención para las mujeres acompañantes de los adictos al juego (parejas, hijas o madres), de modo que su labor para atraer al tratamiento a los pacientes directos o su actuación como coterapeutas sean lo más eficaces posible.

Las mujeres tienden a recurrir al juego excesivo para hacer frente a problemas personales (soledad, aburrimiento, etcétera) y familiares (mala relación de pareja, marido enfermo o adicto al juego o al alcohol, etcétera), así como para afrontar un estado de ánimo disfórico (depresión, ansiedad, ira, etcétera). El deseo de ver a otras personas en un lugar público, lo que no equivale necesariamente socializarse con ellas, puede ser una motivación adicional. Estas diferencias motivacionales en uno y otro sexo no se han tenido en cuenta a la hora de diseñar tratamientos específicos.

Los antecedentes familiares de juego o alcohol excesivo constituyen un factor de riesgo de adicción al juego tanto para hombres como para mujeres. El efecto de modelado de los padres es un factor de riesgo claro para que los adolescentes se inicien en el juego, con las expectativas de la obtención de un dinero fácil. En el caso de las mujeres adictas el riesgo aumenta cuando tienen antecedentes de un divorcio temprano de los padres,han sufrido sucesos traumáticos en la infancia, como abuso sexual o maltrato infantil, han experimentado pérdidas significativas (ruptura no deseada de la pareja, muerte de un hijo, etcétera) y cuentan con maridos con dependencia alcohólica o que se encuentran mucho tiempo fuera de casa. De hecho, muchas mujeres adictas comienzan a jugar como un modo de escape de problemas que las desbordan (soledad, maltrato, relaciones maritales problemáticas, etcétera).

En cuanto a las dimensiones de personalidad, las mujeres adictas tienden a mostrar puntuaciones altas en introversión. De hecho, la introversión se relaciona más con los juegos de azar pasivos y solitarios, como las loterías y los cupones, que son los más utilizados por las mujeres. Sin embargo, otras variables de personalidad significativas en los hombres jugadores, como la impulsividad y la búsqueda de sensaciones, no parecen tan significativas en las mujeres adictas. Más allá de dimensiones concretas, la soledad y la propensión al aburrimiento son variables que se relacionan estrechamente con la tendencia a la adicción al juego. En estos casos el juego puede comenzar como un mero entretenimiento para ocupar el tiempo libre excesivo, como consecuencia del inicio de los hijos en el colegio o de la salida de los hijos del hogar, y transformarse posteriormente en una adicción.

Respecto a los problemas psicopatológicos existentes, la depresión primaria o la sintomatología ansiosodepresiva en la mujer son un factor de riesgo de implicación en la adicción al juego. Al ser más habitual la depresión en la mujer y al poderse utilizar el juego como una forma de escape de los problemas cotidianos a los que no se ve salida, el juego excesivo puede actuar en la mujer como una fuente de activación para superar el estado de ánimo deprimido. Otro factor predisponente para la adicción al juego en la mujer es la multiimpulsividad, que se pone de relieve en conductas como la presencia de atracones o de episodios bulímicos, el abuso de alcohol, el fumar compulsivo, el consumo exagerado de fármacos o la adicción al sexo.

Los factores precipitantes más habituales en las mujeres jugadoras son el consumismo excesivo, que puede incitar a la búsqueda de un dinero fácil en el juego (especialmente cuando se trata de personas supersticiosas o con una distorsión cognitiva de la realidad), la estancia habitual en los bares como consecuencia de la profesión o de la afición y la frecuentación de amigos jugadores o el  establecimiento de una relación de pareja con un jugador excesivo.

Las mujeres comienzan a jugar más tarde que los hombres. En lugar de empezar a hacerlo en la adolescencia, hay un grupo de mujeres que se inician en el juego entre los 30 y 40 años de edad, cuando se complican las circunstancias vitales (soledad, mala relación de pareja, problemas con los hijos, etcétera). Por ello, la adicción al juego aparece en la mujer más frecuentemente en las edades medias o tardías de la vida, controlada fundamentalmente por reforzadores negativos (evitación del malestar emocional y escape de las frustraciones cotidianas). Es en el curso del trastorno en donde hay unas diferencias más significativas entre hombres y mujeres. Las mujeres se inician más tardíamente en el juego, pero, sin embargo, la progresión hacia el trastorno es dos veces más rápida que en el caso del hombre. En concreto, la evolución media del trastorno antes de la búsqueda de ayuda terapéutica es de 10/11 años en el caso de los hombres y de 4/6 en el de las mujeres. El desarrollo del trastorno es más rápido cuando las mujeres afectadas carecen de habilidades de autocontrol, de comunicación y de solución de problemas, cuando su apoyo social es escaso y la utilización del tiempo libre poco satisfactoria y cuando cuentan con pocos recursos psicológicos para hacer frente a las situaciones de estrés.

El curso de la adicción al juego en la mujer está asociado a la aparición de trastornos mentales (depresión) o de problemas  psicosomáticos (fatiga crónica, dolores de cabeza, alteraciones gastrointestinales, etcétera) mucho más frecuentemente que en el caso del hombre. Sin embargo, los problemas con la Justicia por robos, falsificaciones, préstamos no devueltos, etcétera, son menos habituales que en el caso del hombre. Por así decirlo, la evolución de la adicción al juego en la mujer cursa de una forma más interna y menos visible.

Consecuencias de la ludopatía en la mujer A nivel físico Las alteraciones psicosomáticas, que la llevan a consultar a los médicos de atención primaria, y los problemas de salud mental, como la depresión o síntomas inespecíficos de ansiedad, constituyen la parte más visible del trastorno en la mujer y pueden contribuir a ocultar el problema de raíz (la adicción al juego). A nivel psicológico El  sufrimiento causado por las pérdidas económicas y la inseguridad permanente de ser descubierta en su adicción generan en la mujer adicta un estado de irritabilidad, de nerviosismo y de inestabilidad emocional que acaba por aislarla familiar y socialmente. Además las mentiras y los autoengaños deterioran la autoestima de la mujer adicta. Todo ello acentúa una sensación de inutilidad y facilita la aparición de un estado de ánimo deprimido, que, en ocasiones, es preexistente, pero que, en otras, es resultado de la degradación personal y del rechazo familiar y social que experimenta la mujer como consecuencia de la adicción.

A nivel familiar, social y profesional La reacción del marido o de la pareja ante la mujer adicta es mucho más intransigente que cuando sucede al revés. En este contexto resulta habitual la violencia de pareja. La consideración de la mujer ludópata como viciosa, algo similar a como si fuese una alcohólica o una prostituta, denota un enfoque moral del problema, no en términos de salud/ enfermedad. El descuido de los hijos y la derivación del dinero familiar hacia el juego acentúan este enfoque. La repercusión negativa de la adicción al juego en la mujer es tanto mayor cuanto más pequeños sean los hijos. En concreto, existe un mayor riesgo de abuso paterno contra los hijos y son más frecuentes en éstos trastornos de conducta, alteraciones psicosomáticas, ausencias del hogar, fracaso escolar, consumo de drogas y de juego y conductas asociales.

En estos casos, a un modelo materno inadecuado se une frecuentemente la inestabilidad familiar. Cuando la mujer adicta es ama de casa, se produce a menudo una desatención a las tareas del hogar y una inversión del dinero familiar en el juego. Si se trata de una mujer profesional, la disminución del rendimiento laboral, con inasistencias o retrasos e incumplimiento de las tareas profesionales, es la conducta habitual, lo que pone en peligro su estabilidad laboral.

Los problemas psicosomáticos y la depresión, con el riesgo consiguiente de suicidio, son los trastornos comórbidos más frecuentes en la mujer jugadora, sobre todo cuando la adicción al juego entraña ya una fase de deterioro. Por lo que a la diferencia de sexos se refiere, la depresión puede ser un factor predisponente al juego en la mujer, que luego se acentúa con el impacto desfavorable del juego, mientras que en el hombre la depresión puede ser secundaria a la adicción, ligada a sus consecuencias negativas de toda índole.
La depresión es más habitual cuando hay violencia de pareja o cuando la mujer se siente desbordada por las responsabilidades familiares (educación de los hijos, situación económica precaria, rechazo de la pareja, etcétera). A su vez, la violencia de pareja puede ser el factor precipitante que lleva a la mujer al juego o ser consecuencia de la implicación excesiva en el juego y del deterioro de la relación de pareja consiguiente.

Asimismo el abuso de alcohol o de fármacos es una conducta de riesgo en la mujer jugadora, sobre todo cuando ya se ha establecido una dependencia acentuada al juego. Los adictos al juego de uno y otro sexo manifiestan conductas impulsivas asociadas al juego. Desde una perspectiva diferencial, los hombres tienden a implicarse más en conductas temerarias y de abuso de alcohol; las mujeres, en trastornos psicosomáticos, en conductas suicidas ligadas a la depresión y en episodios bulímicos.

Motivar a los adictos al juego (como a otro tipo de adictos) a ponerse en tratamiento es una tarea compleja. El estigma social  negativo, especialmente acentuado en el caso de la mujer adicta, contribuye a impedir el reconocimiento del problema y a retrasar la búsqueda de ayuda terapéutica. Es, con frecuencia, el deterioro de la relación familiar la variable crítica que determina la consulta por la adicción al juego. La búsqueda de ayuda terapéutica por parte de la mujer adicta se hace generalmente en solitario. A diferencia del hombre jugador, que suele venir acompañado por alguno de sus familiares cercanos, la mujer acude sola y no cuenta con una  colaboración activa por parte de su pareja en el tratamiento. Asimismo, y a diferencia del hombre adicto, que adopta una actitud más egocéntrica, altiva y negadora del problema, la mujer jugadora, una vez que ha dado el paso inicial de buscar ayuda, es más consciente de lo ocurrido y muestra un profundo sentimiento de vergüenza.

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